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Gestiones de Edificios en Alicante

Mantén tu edificio seguro frente a la corrosión marina y las lluvias torrenciales de Alicante

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  • Gestión de edificios en Alicante: cuando la costa exige soluciones inmediatas

    Por la mañana, una vecina del Ensanche se asoma a la terraza de su piso y observa que la unidad exterior del aire acondicionado se ha cubierto de una capa blanca y corrosiva, típica del aire marítimo. En un bloque de Carolinas, la comunidad de propietarios se reúne con inquietud: las cerraduras de las puertas comunes empiezan a fallar y algunos cuadros eléctricos muestran señales de oxidación. En Alicante, la constante salinidad del ambiente pone a prueba cualquier instalación de un edificio, y no siempre se detecta a tiempo.

    Quienes buscan gestión de edificios en Alicante suelen estar cansados de intentar resolver los problemas por su cuenta o con técnicos que solo atienden reparaciones puntuales. Han vivido episodios en que la corrosión ha dejado inutilizables elementos clave, como cerrajería de accesos o las unidades exteriores de climatización que, al estar en altura y expuestas al mar, envejecen aceleradamente. La consecuencia directa es un gasto que nadie esperaba y que afecta tanto al confort como a la seguridad.

    Esta situación es especialmente habitual en comunidades con edificios de los barrios del Puerto y Playa de San Juan, donde la proximidad al mar es una ventaja, pero también una fuente constante de desgaste. Los responsables de las comunidades temen que la factura por mantenimiento correctivo se dispare si no se actúa con rapidez y planificación, pero no siempre saben a quién confiar esta delicada labor, que requiere conocimiento del clima local y experiencia en prevención de daños causados por la corrosión marina.

    Además, la salinidad acelera el deterioro también en los cuadros eléctricos situados en exteriores, un riesgo que puede pasar inadvertido hasta que produce fallos en el suministro o incluso pone en peligro la integridad de los residentes. Este factor hace que la gestión de edificios en Alicante no pueda limitarse a las inspecciones habituales: es imprescindible una supervisión continua, con revisiones y mantenimientos específicos encaminados a proteger las instalaciones contra el aire salino.

    Las comunidades no solo enfrentan el problema técnico: la ubicación de Alicante, con su mezcla de construcciones históricas y bloques modernos, convierte cada caso en un desafío distinto. En los edificios más antiguos del centro, las cerraduras corroídas dificultan la seguridad, mientras que en las torres cercanas a la costa, las unidades de climatización necesitan un cuidado constante y adaptado al ambiente salino para evitar costosos reemplazos.

    El desconocimiento de esta realidad local suele llevar a contratar servicios generalistas que no garantizan el control específico que requieren las instalaciones afectadas por la salinidad. Esto provoca retrasos en la detección del problema y incrementa el coste final para la comunidad.

    Por eso, quien llega a buscar gestión de edificios en Alicante aspira a encontrar una respuesta que entienda que aquí el mantenimiento no es solo una cuestión de rutina, sino una necesidad urgente para preservar la inversión y garantizar el bienestar en un entorno donde la brisa marina nunca da tregua.

    Lo que abarca realmente la gestión de edificios en Alicante y lo que suele generar controversia

    Cuando contratas un servicio de gestión de edificios en Alicante, es fundamental saber qué tareas incluye el mantenimiento rutinario y qué trabajos extra se facturan aparte. Aquí no hablamos de un servicio estándar que valga para cualquier ciudad, sino de uno adaptado a las circunstancias tan concretas que afectan a la provincia, y en particular a Alicante, donde la climatología y el parque edificado imponen sus propias reglas.

    En el día a día, el trabajo básico comprende la coordinación y supervisión de las reparaciones comunes, la administración de proveedores para limpieza o mantenimiento, la actualización y control de cuentas comunitarias, la convocatoria y gestión de juntas de propietarios, y la atención a incidencias habituales. Esto cubre desde cambiar bombillas comunitarias hasta gestionar contratos de servicios como la jardinería o la limpieza de zonas comunes.

    Sin embargo, uno de los puntos que más discusiones provoca en Alicante es la gestión de las reparaciones relacionadas con las lluvias torrenciales de otoño. Estos episodios de precipitación intensa y concentrada saturan bajantes y sumideros, además de destapar problemas estructurales en terrazas con deficiente impermeabilización. Por norma, la revisión básica y mantenimiento preventivo de bajantes y sumideros está incluido. Pero las intervenciones para solucionar filtraciones graves, impermeabilizaciones o reformas más complejas de las cubiertas se consideran trabajos extraordinarios que se presupuestan y cobran aparte.

    En Alicante, donde muchas comunidades cuentan con edificios de los años 60 y 70 con instalaciones antiguas y a menudo deterioradas, estas reparaciones no son excepcionales. La salinidad marina y las lluvias golpean con fuerza, por lo que es habitual que terrazas no bien selladas comiencen a gotear o que los bajantes de fibrocemento se obstruyan y deterioren con rapidez. En estos casos, la gestión de incidencias se alarga y el coste puede sobrepasar lo que el administrador tenía previsto dentro de sus funciones. Por eso conviene aclarar desde el principio qué actuaciones entran en la gestión ordinaria y cuáles requieren una junta de propietarios para aprobar un gasto extra.

    Además, queda fuera del servicio habitual la supervisión de proyectos de reforma o modernización integral del edificio, como cambiar la fontanería de hierro o realizar una instalación eléctrica con toma de tierra adecuada. Tampoco se incluyen las intervenciones en elementos comunes catalogados, como los del ensanche modernista, que suelen necesitar informes específicos y autorizaciones administrativas.

    Otros gastos que pueden sorprender a los vecinos son los vinculados a la dificultad que presenta el casco antiguo de Alicante. Por ejemplo, en barrios como Santa Cruz, las calles son estrechas y en cuesta, sin acceso para camiones o plataformas elevadoras, lo que dificulta la ejecución y encarece las reparaciones o montajes. Estos sobrecostes no suelen estar contemplados en el mantenimiento habitual y deben gestionarse aparte.

    El estacionamiento regulado en casi todo el centro de Alicante también afecta el precio final de algunas intervenciones, dado que limita el tiempo para carga y descarga de materiales y obliga a buscar alternativas que encarecen los desplazamientos.

    La transparencia en la gestión económica es clave. La factura habitual debe reflejar con claridad qué tareas están incluidas en el mantenimiento, de forma que la comunidad no se lleve sorpresas cuando lleguen las lluvias intensas y hagan saltar las alarmas en bajantes y terrazas. Sólo así la confianza entre vecinos y administrador se mantiene firme, y el edificio resiste mejor el efecto implacable del clima alicantino.

    Factores que influyen en el coste de la gestión de edificios en Alicante

    En Alicante, la configuración urbana y las características propias del municipio juegan un papel fundamental en la composición del presupuesto para la gestión de edificios. Entre los aspectos que encarecen los gastos destaca especialmente el entorno del barrio de Santa Cruz y el casco antiguo. Las calles peatonales, estrechas y con pendientes pronunciadas dificultan sobremanera el acceso a vehículos de gran tamaño, como camiones o plataformas elevadoras. Esta particularidad obliga a que muchas tareas, especialmente las relacionadas con el mantenimiento o la recogida de residuos voluminosos, se realicen con medios manuales o equipos más pequeños, lo que ralentiza los trabajos y eleva el coste de mano de obra.

    Asimismo, esta limitación en el acceso repercute en la logística diaria: las empresas de gestión deben planificar con antelación y destinar más tiempo para la carga y descarga de materiales, sin la posibilidad de aprovechar vehículos pesados que faciliten el traslado. Además, la dificultad para estacionar cerca del edificio añade complejidad, ya que el tiempo permitido para realizar estas operaciones es limitado, aumentando la presión sobre los operarios y, por tanto, el gasto final.

    Cuando el edificio se encuentra en estas zonas históricas, también es frecuente que las obras de mantenimiento requieran técnicas más cuidadosas y específicas para preservar la integridad del entorno y cumplir con la normativa de conservación. Esto no solo incrementa el coste por el tipo de materiales o métodos empleados, sino que prolonga los plazos de ejecución.

    Fuera del casco antiguo, en barrios como Virgen del Remedio o Benalúa, la antigüedad de los bloques condiciona el presupuesto. Las instalaciones originales, con bajantes de fibrocemento o fontanería de hierro, suelen demandar revisiones y reparaciones más frecuentes. La ausencia de toma de tierra en las electrificaciones antiguas implica actualizaciones necesarias para cumplir con la normativa vigente, lo que suma costes adicionales a largo plazo.

    Por otro lado, la proximidad al mar implica un desgaste constante por la salinidad ambiental, que afecta a elementos como la cerrajería, las unidades exteriores de aire acondicionado o los cuadros eléctricos. Este factor, común en la mayoría de edificaciones del municipio, obliga a realizar mantenimientos preventivos más especializados y frecuentes para evitar deterioros graves y prolongar la vida útil de las instalaciones.

    La climatología mediterránea, con inviernos suaves y veranos calurosos, no suele requerir gastos elevados en calefacción, pero las lluvias torrenciales de otoño pueden saturar bajantes y sumideros, especialmente en edificios con impermeabilizaciones antiguas o dañadas, generando reparaciones urgentes que encarecen el presupuesto.

    En las zonas más modernas, como Playa de San Juan o Vistahermosa, aunque las infraestructuras suelen estar en mejor estado y el acceso es cómodo, la calidad y diversidad de servicios comunitarios demandados pueden abaratar o encarecer el coste según el nivel de equipamiento y el número de residentes.

    Si tu edificio está en el casco antiguo de Alicante, especialmente en Santa Cruz, debes esperar que la gestión sea más costosa debido a las dificultades de acceso y conservación. En cambio, edificaciones con buenos accesos y renovaciones recientes presentarán presupuestos más ajustados. Entender estas particularidades te ayudará a anticipar qué factores inciden en el coste y a valorar las propuestas de gestión con más criterio.

    Particularidades de la gestión de edificios en Alicante capital

    La gestión de edificios en Alicante requiere una atención específica a su parque residencial, especialmente a los grandes bloques construidos en las décadas de 1960 y 1970. Estas construcciones, predominantes en barrios como Virgen del Remedio, Carolinas o Benalúa, presentan un conjunto de instalaciones originales que condicionan de forma directa las tareas de mantenimiento y conservación que una comunidad necesita.

    Uno de los retos más relevantes reside en los sistemas de bajantes y fontanería. Los conductos de bajada de aguas fecales y pluviales suelen ser de fibrocemento, material que con el tiempo se ha vuelto frágil y propenso a la fisuración. En Alicante, la combinación de clima mediterráneo semiárido con lluvias torrenciales en otoño incrementa la presión sobre estas infraestructuras, agravando la aparición de obstrucciones y fugas. Por ello, la gestión debe incorporar revisiones periódicas de estos sistemas para evitar daños mayores, que resultarían muy costosos y disruptivos para los vecinos.

    La fontanería original, frecuentemente compuesta por tuberías de hierro, presenta corrosión acelerada en Alicante debido a la alta humedad ambiental, en especial cerca de las zonas costeras. La salinidad marina constante, que impregna el aire, provoca oxidación y deterioro prematuro de estas tuberías, lo que hace imprescindible una estrategia de mantenimiento basada en sustituciones escalonadas y un control exhaustivo del estado de las conducciones. La falta de estas medidas puede traducirse en roturas inesperadas y averías que afectan a la habitabilidad y generan costes imprevistos para la comunidad.

    Por otra parte, la instalación eléctrica original sin toma de tierra es una singularidad técnica que representa riesgos considerables para la seguridad y complica la adecuación a la normativa vigente en Alicante. La actualización de estas infraestructuras eléctricas es una prioridad en la gestión de edificios, pero se enfrenta a dificultades propias de la configuración urbanística y del acceso en estos conjuntos residenciales. Las comunidades deben planificar estas reformas con un enfoque escalonado y buscando minimizar la interferencia en el día a día de los residentes.

    Ignorar estas condiciones técnicas propias del parque de bloques antiguos en Alicante puede derivar en problemas recurrentes como humedades, fallos eléctricos o daños estructurales, que encarecen significativamente la gestión y ponen en riesgo la integridad de las comunidades.

    Las peculiaridades de Alicante, con su combinación de clima, salinidad marina y parque edificatorio, exigen que la gestión de edificios no pueda limitarse a controles superficiales o temporales. La planificación preventiva y la intervención especializada en elementos como bajantes, fontanería y electricidad son la columna vertebral para mantener el valor y la funcionalidad de estos inmuebles frente a las agresiones ambientales propias de la capital.

    Esta atención específica distingue a la gestión de edificios en Alicante del resto de municipios de la provincia, donde el parque antiguo de bloques no es tan numeroso ni está tan condicionado a la renovación urgente de estas instalaciones originales. Por eso, contar con una gestión que entienda y responda a estas necesidades es vital para mantener las comunidades en buen estado y evitar costes inesperados que afectan la economía doméstica de los propietarios.

    Identificar profesionales fiables para la gestión de edificios en Alicante

    Contratar a un administrador o empresa para gestionar un edificio en Alicante conlleva desafíos específicos, entre ellos, la gestión eficiente de desplazamientos y carga debido al estacionamiento regulado que domina casi todo el centro urbano. Este detalle afecta directamente a la frecuencia y calidad de las intervenciones en el inmueble y es un buen punto para empezar a evaluar la capacidad del profesional.

    Antes de firmar cualquier acuerdo, conviene solicitar documentación básica que acredite su actividad y profesionalidad. Un gestor serio mostrará sin reparos su licencia administrativa vigente, seguro de responsabilidad civil y, preferiblemente, referencias de comunidades que gestione en zonas similares, como Carolinas o Benalúa, donde el estacionamiento también es restringido. Si el profesional no puede o no quiere proporcionar estos datos, es señal clara de falta de transparencia.

    Pregunte cómo planea organizar las visitas técnicas y reparaciones en el edificio considerando las limitaciones de aparcamiento. La respuesta adecuada incluirá un plan para minimizar el tiempo de carga y descarga, como la utilización de vehículos pequeños o furgonetas con permisos especiales, o la coordinación previa con la comunidad para reservar espacios temporales. La ausencia de un plan para estos aspectos indica poco conocimiento local y puede traducirse en retrasos o sobrecostes.

    Una señal de alarma concreta es la promesa de una disponibilidad inmediata y sin límites horarios para intervenciones. En Alicante, con las restricciones de estacionamiento del centro, esta oferta suele ser engañosa: no se pueden realizar trabajos urgentes sin la preparación adecuada, y quien no advierta este punto probablemente no podrá gestionar eficazmente las incidencias.

    Además, verifique que el profesional disponga de un sistema claro y documentado para comunicar a los vecinos las actuaciones programadas y urgentes. La transparencia en la comunicación es esencial para coordinar accesos y evitar molestias relacionadas con el aparcamiento y las operaciones de carga y descarga.

    Consulte también cómo realiza las inspecciones periódicas y el mantenimiento. Un buen gestor tendrá un plan que contemple visitas rutinarias optimizadas para minimizar desplazamientos, especialmente en barrios con restricciones fuertes como el Casco Antiguo o Santa Cruz. Esto demuestra comprensión del entorno y capacidad para anticiparse a los problemas sin generar costes innecesarios a la comunidad.

    Finalmente, desconfíe de las respuestas vagas o promesas de soluciones milagrosas sin explicar cómo se enfrentará al problema del aparcamiento y la logística en Alicante. Un gestor eficaz debe ser claro sobre sus limitaciones y estrategias, adaptándose a las circunstancias locales y evitando improvisaciones que pueden derivar en retrasos y conflictos con los vecinos.

    Plazos y fases en la gestión de edificios en Alicante

    El recorrido de la gestión de un edificio en Alicante comienza con la primera llamada del presidente de la comunidad o del administrador de la finca, que suele expresar una necesidad concreta: mantenimiento, mejora o resolución de un problema. En esta fase inicial, la rapidez en la respuesta es fundamental, ya que la proximidad del gestor local facilita visitas inmediatas para evaluar el estado real, especialmente en zonas expuestas a la salinidad marina, muy agresiva con la cerrajería, las unidades exteriores de climatización y los cuadros eléctricos situados en fachadas próximas al mar o en edificios de primera línea en Playa de San Juan o Vistahermosa. Esta característica obliga a realizar inspecciones más frecuentes y ajustar los presupuestos a intervenciones preventivas, algo que se comunica desde el primer contacto para que la comunidad tenga claro el coste y el tiempo necesario.

    Tras la inspección, el gestor redacta un informe con el diagnóstico y las propuestas de actuación. Normalmente, esta fase puede tardar entre 3 y 7 días laborables, dependiendo de la complejidad y del acceso al edificio. En barrios como Santa Cruz, donde las calles estrechas y peatonales dificultan el acceso para camiones o plataformas, el tiempo puede ampliarse si se requiere equipo especial o permisos municipales.

    Una vez presentado el informe, la comunidad debe decidir, a menudo en junta, qué trabajos se autorizan. La convocatoria y realización de esta reunión suelen alargarse entre 10 y 20 días, aunque en poblaciones con muchas comunidades de vecinos y con residentes extranjeros, como en Alicante capital, este plazo puede extenderse más, especialmente fuera de la temporada turística, cuando los propietarios están menos disponibles. La temporada también afecta al desarrollo: los meses de verano, aunque son de mayor actividad turística, suelen ralentizar decisiones porque muchos propietarios están ausentes o utilizan segundas residencias.

    Con la aprobación, se inicia la contratación de los servicios o la compra de materiales. Aquí, la salinidad marina vuelve a influir en los tiempos y costes, ya que obliga a emplear materiales resistentes a la corrosión, como cerrajería de acero inoxidable o pinturas especiales para exteriores, y equipos de climatización de alta durabilidad. Estos requerimientos pueden extender el plazo en 1 o 2 semanas respecto a materiales estándar.

    La ejecución de los trabajos varía, pero en edificios en primera línea marítima, la limpieza de fachadas y la sustitución de elementos dañados por la corrosión suelen requerir entre 2 y 4 semanas. En estos casos, la humedad y la brisa marina obligan a programar los trabajos evitando temporadas de lluvia torrencial de octubre y noviembre, cuando la saturación de bajantes y sumideros complica cualquier reparación. Por ello, en Alicante, el calendario local y las condiciones climáticas son decisivos para planificar las intervenciones y acortar imprevistos.

    El cliente debe colaborar facilitando el acceso a zonas comunes y, en edificios con vecinos internacionales o estudiantes universitarios, asegurar la comunicación con todos para evitar retrasos durante la ejecución. El gestor se encarga de coordinar a los profesionales, negociar con proveedores locales y cumplir con las normativas municipales que regulan, por ejemplo, el estacionamiento regulado en el centro o las limitaciones en horarios de carga y descarga, que pueden encarecer y ralentizar las tareas.

    Una particularidad de Alicante es que la constante salinidad marina impone un mantenimiento preventivo más riguroso y frecuente que en otros municipios del interior. Ignorar este factor puede provocar un aumento inesperado en los tiempos y costes, sobre todo cuando la cerrajería o los cuadros eléctricos se deterioran antes de lo previsto, generando avisos de urgencia y trabajos de reparación inmediata.

    Finalmente, la gestión culmina con la entrega de un informe final y la puesta al día documental: certificados, garantías y recomendaciones para futuras intervenciones. En total, desde la primera llamada hasta el cierre completo, una gestión media puede durar entre 6 y 10 semanas, aunque este plazo depende en gran medida de la urgencia, la disponibilidad de los propietarios y la época del año en que se realice.

    Preparativos clave antes de solicitar gestión de edificios en Alicante

    La particularidad más urgente en Alicante que afecta a la gestión de comunidades de vecinos son las lluvias torrenciales que desatan cada otoño. Estos episodios de intensidad y duración limitada pueden saturar rápidamente los bajantes, sumideros y terrazas si no están correctamente impermeabilizados o mantenidos. El impacto directo se traduce en filtraciones en pisos bajos, goteras, humedades en zonas comunes y daños estructurales apenas pasan unas horas de aguacero intenso. Por eso, antes de iniciar cualquier conversación con un administrador o empresa de gestión, conviene tener claro si el inmueble ha sufrido o tiene antecedentes de problemas por estas lluvias y el estado actual de sus sistemas de evacuación de aguas pluviales.

    Recoger esta información facilitará que el profesional pueda valorar la urgencia de inspecciones y trabajos preventivos, además de incluir posibles reparaciones en el presupuesto inicial. Por ejemplo, si las bajantes son de fibrocemento original de los años 60 o 70, es probable que necesiten revisión urgente, ya que ese material se degrada con el paso del tiempo y la saturación frecuente es un riesgo real. Lo mismo ocurre con las terrazas; si la impermeabilización está anticuada o presenta fisuras, cada lluvia de otoño puede agravar las filtraciones, elevando el gasto al final del ejercicio.

    Otro aspecto decisivo es identificar con precisión las zonas afectadas o susceptibles de daños por acumulación de agua. Por eso, siempre que se vaya a solicitar presupuesto, es aconsejable tener fotografías recientes de las terrazas, bajantes y sumideros, especialmente tras episodios de lluvia. Documentar visualmente posibles manchas de humedad, charcos o deterioros visibles en paredes, suelos y techos permite hacer una primera valoración más ajustada y detectar puntos críticos que requieren intervención prioritaria.

    Además, conviene recopilar el historial de actuaciones anteriores relacionadas con mantenimiento o reparaciones en estas infraestructuras clave. Informar si se han hecho limpiezas o sustituciones recientes de bajantes, revisiones de impermeabilización o arreglos de filtraciones, y si se dispone de garantías o informes técnicos, evita duplicar trabajos o presupuestos inflados por desconocimiento.

    Si el edificio está ubicado en el casco antiguo, especialmente en barrios como Santa Cruz, donde la estrechez de las calles impide el acceso de vehículos de carga o plataformas elevadoras, es importante aclarar esta circunstancia antes de la llamada. La logística compleja puede encarecer y ralentizar cualquier intervención, por lo que anticiparlo permite planificar con realismo plazos y costes.

    Para optimizar la llamada inicial y que el presupuesto ofrecido sea fiable, tener a mano:

    • Datos básicos: número de viviendas, plantas, tipo y antigüedad del edificio.
    • Estado y materiales de bajantes, sumideros y terrazas.
    • Fotos recientes que muestren daños o signos de saturación por lluvias.
    • Historial de reparaciones y mantenimientos relacionados.
    • Información sobre accesibilidad y restricciones de carga o aparcamiento en la calle.
    • Decisiones comunitarias previas que condicionen el tipo de servicio o urgencia.

    Prepararse con esta información no solo evita malentendidos, sino que permite que la empresa de gestión proponga un plan realista y ajustado a las necesidades específicas de Alicante. Así se reducen imprevistos y costes ocultos derivados de valoraciones inexactas, lo que supone una optimización económica importante para la comunidad y sus vecinos.

    Guía completa para gestionar edificios en Alicante, con consejos sobre administración, mantenimiento y servicios para comunidades de vecinos.

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